Luis
Eduardo Buenaventura irradia humor aún detrás de
un teléfono. Más conocido como “Cacho”, aunque después de tantos años de
trayectoria no le hace falta presentaciones, llegará el próximo viernes 18 de
septiembre al Teatro Mayo de San Francisco, con el espectáculo ¡Qué Cacho de show!
No es un show más en su vida, sino uno que lo
sorprende todavía gratamente después de una exitosa temporada teatral en Carlos
Paz y vísperas de una gira por el interior. Buenaventura se presenta acompañado
por un elenco que propone un recorrido que combina humor, magia, música y
baile. En escena lo acompañan el Mago
Raffer (Christian Ferraris); la pareja de bailarines formada por Fátima Brener y Rodrigo Navarro,
ganadores del Premio Carlos 2024 a Mejor Pareja de Baile; el músico Julio César Luján en voces y guitarra;
y un invitado especial: La Abuela, personaje interpretado por Matías Ramírez, en un homenaje a
Antonio Gasalla.
Cuando le mencionan San Francisco, el oriundo
de Cruz del Eje habla de un público que disfruta del humor pero de manera
“tranquila”, aunque reconoce que en sus últimas presentaciones lo vio más
suelto. Y como un flash, un recuerdo se le viene enseguida a la mente: “La
última vez que fuimos alguien del público nos invitó a comer un lechón, estaba
increíble”, aseguró.
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¿Te tratan bien en San Francisco entonces?
Fui muchas veces y volví muchas veces, así que
sí. Es un público tranquilo, no es la euforia de la cancha o el festival, sino
que es de teatro y el Mayo en este caso es ideal. La última vez que estuve los
sentí más sueltos, más relajados y protagonistas. Yo pretendo que la gente se
ría y a carcajadas. Vamos a reírnos en defensa propia pero juntos, no de nadie
en especial, sino de nosotros, de lo que a veces permitimos que nos angustie,
estrese, nos arruine el día.
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¿Cómo te sentís en este espectáculo que es una especie de varieté?
Es un espectáculo que se presentó esta
temporada en Carlos Paz y con mucho éxito. Es la posibilidad de disfrutar un
lindo rato, con risas, alegría y el protagonismo del público, siendo una buena
oportunidad para que vaya la familia. Me siento bien haciéndolo. Soy solitario
arriba del escenario, pero este proyecto me gustó porque me di cuenta los grandes
artistas que tengo al lado, gente talentosa y maravillosa, con mucha energía.
Entonces me doy cuenta que no debo poner toda la energía yo como estaba
acostumbrado. Nos juntamos para hacer enero y febrero y terminamos hace tres
semanas las funciones y ahora lanzamos la gira.
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¿Armás algo especial para el público de cada lugar donde te presentás? ¿Te tenés
que cuidar de algo?Es un espectáculo apto para
todo público, puedo tener alguna frenada por ahí, a los humoristas en algún
momento nos pegaron un tirón de orejas en su momento, y nos vino bien porque
corregimos cosas. Sirven esos llamaditos de atención. En mi caso siempre he
sido cuidadosos. Por otra parte, no tengo como hábito sentarme a escribir pero
pienso todo el tiempo y tengo capacidad de acumulación, no de casualidad me
dicen cabezón (ríe). Eso que acumulo puedo resumirlo arriba del escenario. Si
modifico cuando es teatro, festival o evento privado. Lo manejo por instinto.
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Hace un rato decías “vamos a reírnos en defensa propia”. El humorista tiene ese
rol de hacer reír en momentos difíciles.
La gente elige un refugio en el humor, un
escape a una realidad que no pasa por elevación a nadie, ni a nosotros que
buscamos generar risas. A nosotros nos cobran el fiado también (ríe). La gente
apuesta a salir, a ir un lugar donde por un rato pueda relajarse, sacarse cosas
de la cabeza. Eso significa: bañarse, prepararse, cambiarse, disfrutar de un
espectáculo y cuando sale si puede ir a tomar algo, entonces te das cuenta que
pasaste un lindo rato desde que pensaste en irte y volviste. Es una buena oportunidad
de juntarnos para estar contentos.